Localizaciones de la novela: Tallin

Hoy es el turno para Tallin, ya que “La Suerte de las Marionetas” arranca con esta capital. Surgida como puerto comercial  entre Europa occidental y Rusia, alberga casi a 400.000 habitantes sin contar las áreas circundantes, lo que la convierte en la ciudad más poblada de Estonia.

A pesar de que en las afueras haya modernas barriadas, su herencia medieval aún perdura en sus calles más céntricas, un punto vital que permite vivir a muchos de sus ciudadanos del turismo. Los trajes regionales y la comida tradicional inundan sus principales plazas, y son muchos los lugares de obligado paso como una de las farmacias más antiguas del mundo, que presume de actividad desde 1422. El ambiente es tranquilo  y distendido, algo ideal para pasear por sus calles de cuento; una identidad y una forma de ser que se refleja en la recién estrenada gratuidad (para habitantes) de su red de transporte público, hecho que avala a Tallin para ser nombrada Ciudad Verde.

Es muy común ver a jóvenes repartiendo mapas turísticos, algún dulce o producto típico en las zonas con más tráfico turístico, o bien repartiendo publicidad sobre algún restaurante o tienda de recuerdos, hecho que queda reflejado en la novela como algo característico de la ciudad.

Plaza del Ayuntameinto, Tallin

Los stands repletos de postales muestran la plaza del ayuntamiento, que en su día fue una plaza de mercado, la calle larga repleta de antiguas casas de comerciantes alemanes, la iglesia de San Olaf que se alza soberbia con ecos de leyenda a sus pies, la catedral de Alexander Nevsky, el pasaje de Santa Catarina o la fachada de la hermandad de los “cabezas negras”, con su peculiar puerta verde cruzada por líneas rojas.

Las calles de Tallin se cruzan dejando un recuerdo vivo de sus distintos períodos sobre todo del alemán y del ruso, salpicando la ciudad de torres y edificios con historia propia, pero no sólo queda su legado en piedra, el paso de invasiones y conquistas, ha generado la capacidad de que los talineses puedan entenderte también si hablas ruso o finés.

Catedral Alexandre Nevsky, Tallin

Músicos, artesanos y artistas dejan su impronta en los variados festivales  de los que disfruta la ciudad y en las tiendas que llenan el antiguo centro medieval.

Las carnes de cerdo, pollo o incluso alce y jabalí, pueden ser acompañadas por una buena cerveza y un ambiente de camaradería en muchas de sus tabernas. Para acabar, el licor local y los postres son imprescindibles.

Los habitantes que no viven del turismo, ocupan puestos en el sector textil, alimentario, información y comunicación, y en el sector de la exportación aprovechando su gran puerto y sus apenas 80km de distancia de Helsinki.


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